viernes, 12 de noviembre de 2010

DE NARVÁEZ, DAS NEVES Y SOLÁ APOYARON AL SANTAFESINO

Las diferencias en el PJ Federal se acrecientan tras la renuncia de Reutemann

Publicado el 12 de Noviembre de 2010

El peronismo antikirchnerista sufrió un golpe con la muerte de Kirchner. En el ala dura quedaron Duhalde, Rodríguez Saá y Romero.
 
La renuncia de Carlos Reutemann a la mesa coordinadora del Peronismo Federal dividió las aguas entre sus socios. Mientras Mario Das Neves, Felipe Solá y Francisco de Narváez saludaron el gesto, Eduardo Duhalde, los hermanos Rodríguez Saá y Carlos Romero prefirieron callar para guardar su enojo.
En diálogo con Tiempo Argentino, Mario Das Neves reconoció que la salida de Reutemann “generó un cimbronazo”. “Queremos construir algo diferenciador. Creamos este espacio para discutir propuestas y proyectos”, aseguró el gobernador de Chubut. Para Das Neves, las diferencias internas del Peronismo Federal se evidencian en que hay un sector “más comprometido con discutir temas de fondo y otro más antikirchnerista, por lo que sus razones empezaron a perder fuerzas a partir de la muerte de Néstor Kirchner”. Das Neves se identificó con “personas como Solá o De Narváez”, mientras aclaró que con Duhalde “hace días” que no habla. “Desde la muerte de Kirchner, el escenario político estaba incómodo para Reutemann”, opinó Das Neves sobre el ex corredor de autos, único integrante del peronismo opositor que visitó la Casa Rosada durante el velatorio de Kirchner.
En tanto, el diputado Francisco de Narváez, quien siempre se mostró cercano al senador santafesino, aseguró ayer que comparte “la visión de Lole”. “Hay peronistas como nosotros que coincidimos en la necesidad de renovar al justicialismo”. De Narváez aseguró que coincide con los reclamos de Reutemann para “parar la pelota” ante el escenario político que provocó la muerte de Kirchner. Asimismo, coincidió con Das Neves en diferenciarse de aquellos dirigentes del peronismo disidente con posturas más duras ante el oficialismo. “Hay algunos dirigentes que todavía necesitan de la confrontación permanente; y otros como nosotros que tenemos un proyecto para una Argentina unida y en paz”, concluyó. El empresario remarcó en un comunicado: “Ni Lole ni yo hemos cambiado nuestra visión respecto del kirchnerismo, pero estamos convencidos de que es necesario serenarnos y escuchar a los argentinos, que necesitan paz y tranquilidad. Comparto absolutamente su visión y su postura en este momento”.
Por su parte, Solá, uno de los que primero mostró señales de conciliación tras la muerte del titular del PJ, sostuvo que, como Carlos Reutemann, él también planteó diferencias con el Peronismo Federal. “Él no se fue del partido, marcó una diferencia importante, que creo saber cuál es, pero sigue en el bloque como senador”, explicó el legislador.
Al ser consultado sobre si seguirá dentro del Peronismo Federal, Solá evitó la respuesta y señaló que no es momento para definirlo. Lo mismo hizo Das Neves, quien no revelará sus cartas hasta que no se produzca un nuevo encuentro, que todavía no tiene fecha.
Así, la guardia vieja del Peronismo federal, encabezada por Duhalde, Ramón Puerta, Romero, los Rodríguez Saá, todos con bajos índices de popularidad en las encuestas, quedaron sin respuesta ante el nuevo escenario dentro de su fuerza política.  <

viernes, 5 de noviembre de 2010

Sesión homenaje
Guastavino pidió a Cobos que se fuera del recinto en el homenaje a Kirchner
En ocasión de la Sesión de Homenaje, el Senador de la Nación, Pedro Guillermo Guastavino (FpV PJ Entre Ríos), en su discurso expresó: "En verdad, me unía al ex presidente Kirchner una relación personal y política de muchísimos años".
"Nos conocimos en la década del 70, durante nuestra militancia juvenil de la Facultad de Derecho de La Plata. Integrábamos una agrupación que se llamaba Federación Universitaria para la Revolución Nacional que posteriormente, con otra agrupación peronista, conformaron lo que fue la JUP.

"Vivimos, obviamente, abrazando la causa del peronismo, del "Luche y vuelve" y de lo que vino luego con la vuelta de Perón, y del peronismo al gobierno, lo cual conformó una etapa absolutamente integradora y conmovedora que nos llevó a generar, como era característico de esos tiempos, una relación profunda, afianzada luego con las cuestiones que atravesó este país.

"Nos volvimos a reencontrar cuando comenzamos a soñar que era posible, al cabo de la gran crisis del país, reconstruir verdaderamente la nación que todos queríamos y soñábamos.

"Entendimos que, simplemente, debíamos ser fieles a nuestras convicciones, dejar de lado las conveniencias electorales y trabajar fuertemente para alcanzarlas. Por lo tanto, quiero decir que con Néstor Kirchner me unía una relación personal y política muy fuerte y de mucho sentimiento y amor.

"En el recinto debo ser sincero y honesto conmigo mismo y con ustedes. Señor presidente: no puedo rendir un homenaje a la memoria de Néstor Kirchner con usted sentado en esa silla. No puedo rendir un homenaje a la memoria de Néstor Kirchner con algunas presencias que, traspasando los límites del disenso y de la discrepancia, utilizaron absolutamente todas las armas para destruirlo implacablemente".

"Quiero contar que yo ya he rendido mi homenaje a la memoria de Néstor Kirchner. Lo hice con los miles y miles de hombres y mujeres que estaban en la Plaza de Mayo llorando, cantando y gritando; con los miles y miles de jóvenes que apasionadamente se sumaban a sufrir ese dolor y a creer en la esperanza y en esa Argentina que viene".

"Le rendí homenaje con mis hijos y con los hijos de mi mujer, que son mis hijos. Ellos asumieron con pasión esta causa, dándome la garantía y el convencimiento de que los jóvenes van a tomar las banderas, como en algún momento lo hicimos nosotros, para llevar adelante los sueños por los cuales tanto hemos luchado y tantos compañeros hemos perdido; por aquellos sueños que, sin lugar a dudas, consumieron la vida de mi amigo y compañero Néstor Kirchner".

"Simplemente, quería contar esto. Yo ya le rendí el homenaje."

Cabe destacar que, tras la alocución del Senador Guastavino, Cobos abandonó el Recinto, dejando el ejercicio de la presidencia de la Sesión en la persona del Presidente Provisional del H. Senado Dr. José Juan Bautista Pampuro

jueves, 4 de noviembre de 2010

El triunfo de la política

El ex presidente logró que se recuperara la autoestima y la memoria de las luchas populares
A riesgo de confundir el vacío emocional con los espacios de construcción de poder, parece importante hacer un rescate enfático de uno de los grandes legados que dejó Néstor Kirchner. Ya se naturalizó la idea de que Néstor fue un gestor impresionante de subordinar la economía a la política. Sin embargo, dicho así puede dejar la sensación de que los números se acomodan a la voluntad o los deseos de un colectivo político o de un líder popular. Y Néstor hizo más bien todo lo contrario: tenía una idea clara de independizar el Estado de los intereses corporativos y para eso fijó los lineamientos que, hasta hoy, permiten no depender ni del FMI ni de la banca privada. Dólar competitivo monitoreado por el Banco Central, superávit fiscal y comercial y, sobre todo, generación de empleo. La política también era la economía. Entonces, ¿dónde está la diferencia? En que Kirchner no dejó que fueran los intereses empresariales y corporativos los que fijaran las políticas. Y eso, que suena fácil, es quizás uno de los logros magistrales de su mandato como presidente y como conductor de una fuerza política popular. La fórmula K de cómo ir ganando terreno sobre intereses concentrados no es sencilla de expresar. Porque, hay que decirlo, la mayoría de las veces Néstor desarticuló intereses sin confrontar. A veces negociando, otras veces esperando el momento oportuno. Eso sí, a medida que el Estado se fortalecía, las posibilidades de imponer condiciones a los poderosos fueron creciendo. Para eso, contó con un gabinete de ministros –que felizmente sigue con Cristina Kirchner– completamente compenetrado con esa ideología. Poca estridencia, mucha gestión y mucho fortalecimiento de las políticas públicas. Aquellos colaboradores que sentían que su presencia en el Ejecutivo era gracias a la buena relación –o dependencia– de ciertos poderosos grupos empresarios se encontraron, más temprano que tarde, lejos de la gestión.
No hay un manual donde esto estuviera explicado con protocolos o bajadas de línea. Sencillamente porque atrás de esta visión hay una historia de luchas populares y no un manual de instrucciones. Además, porque la circulación de información y de opinión estaba en manos de esa visión cultural de la política y en manos de experimentados gestores de negocios e intereses privados y corporativos. Un ejemplo simple: Clarín tituló hace poco: “Crece el trabajo en blanco, pero el grueso es por el empleo estatal” (13/10). Y, lamentablemente, muchos intoxicados ciudadanos consumen esa manera bastarda de tratar el sector público. Lo que Clarín escribe así se resignifica en muchos lugares como: “Viste, les dan laburo a los vagos, para que los voten y encima les dan sindicato y obra social”.
Lo que lograron Néstor y Cristina Kirchner es que, de modo sostenido, se recuperara la autoestima y la memoria de las experiencias populares en la Argentina. La mayoría de las cuales fueron dentro del peronismo, hay que decirlo. Pero es preciso subrayar que sobran las visiones y las prácticas –dentro y fuera del peronismo– de que hacer política es favorecer intereses de poderosos y maquillarlos un poco.
Néstor está en lo más alto de la historia política reciente no porque haya muerto trágicamente o porque haya llegado a ser presidente y aspirara a serlo de nuevo. Logró construir un camino que fue colectivo y que rescató lo mejor de las tradiciones de lucha. Para eso, sin duda, aprovechó su militancia de los setenta. En pocos días se cumplen cinco años de aquella formidable Cumbre de Mar del Plata en la que Néstor dijo “No al Alca” en las narices de George Bush. No fue una quijotada, sino una lectura de lo que era posible. Eso sí, posible con una Nación orgullosa de recuperar la soberanía. Del mismo modo que un año y medio antes había sacado el cuadro del dictador Videla del Colegio Militar porque sabía que había un pueblo que tenía necesidad de terminar con la impunidad.
Muchos de esos actos, además de tener un valor en sí mismos, eran mensajes para la sociedad, para que quedara claro eso de que no iba a dejar las convicciones en la puerta de la Casa Rosada. Esos eran los actos más visibles, los emblemáticos. Después, están los de todos los días y que iban desde no ir a los actos de la Sociedad Rural ni a los coloquios de Idea. La respuesta de los grandes medios fue la de hablar del Presidente Krispado. La verdad es que fue más un pícaro que un enojón. Si La Nación o Clarín tuvieran que hacer una biografía no tendrían más que sus propias premoniciones nunca cumplidas. Siempre advirtieron que sus decisiones eran producto de impulsos o fugas para adelante. Ahora, en sus tapas debieron poner “Masivas muestras de adhesión popular”. No pudieron ocultar que los cientos de miles de personas que llenaron la Plaza de Mayo y los millones que sienten orfandad en estos días son personas que no sólo despiden a quien quisieron sino que también se sienten parte de una manera de hacer política. Salieron, entre otras cosas, por los derechos restituidos, que es algo que se mide en beneficios concretos y en dignidad también concreta.
Construir política. Aun en momento de duelo es preciso estar atentos y pensar. Kirchner hizo algo tanto o más importante: abrir y estimular canales de participación y de organización. Algunos rompieron con Kircher porque no les gustaba que presidiera el justicialismo, argumentando que una cosa era el peronismo y otra el pejotismo. ¿Y ahora qué van a decir? ¿Acaso dejó de apoyar a las Madres y Abuelas por ser electo para presidir el partido más grande de la Argentina y el que expresa los logros reales de los trabajadores?
En estos días durísimos, los principales ideólogos de la derecha –que escriben la visión editorial de Clarín y La Nación– plantearon barbaridades. Sin anestesia. Llegaron a decir que se terminó el poder bicéfalo y cosas por el estilo. Actuaron no sólo por su falta de sensibilidad sino porque creen que el momento del duelo es el de apropiarse de los bienes. Una vieja práctica. Muchos especulan que sin Néstor el kirchnerismo no va a poder hacer ese juego magistral de combinar rumbo político y económico, momento adecuado para decisiones y construcción de fuerzas políticas populares.
Es posible que no sea fácil reemplazarlo. Es posible que Cristina sea una estadista impresionante y, sin embargo, no le resulte sencillo ocupar ese lugar que tan bien ocupaba su marido. Pero si algo emergió en estos días es que el pueblo –especialmente los jóvenes– fue la nota distintiva. Los pregoneros del odio, en La Nación de ayer por ejemplo, tuvieron que escribir sus notas entre las fotos de adhesión popular y bajo un título de tapa que parecía sugerido por el mismísimo Néstor para algún semanario comprometido con las transformaciones y no con el encono antiK de ese diario: “La larga despedida unió la Capital con el Sur”, tituló el matutino de los Mitre.
No cabe duda de que Cristina demostró cuál es el rumbo y que seguirá con él. Eso sí: será preciso que no vengan a vender gato por liebre los que en estos días salen por las radios con la idea de volver a hacer de lleva y trae entre las grandes corporaciones y el Estado. Hay que aprender que en estos días se habló mucho de militancia. Pero, sobre todo, se militó mucho. Parece que ese ejercicio no podrá dejarse de lado ni un minuto.

viernes, 29 de octubre de 2010

Carta Abierta a los que celebran la muerte

Carta Abierta a los que celebran la muerte

29-10-2010 / Quienes por estas horas festejan la muerte de Kirchner, demuestran sus valores y su calidad humana. Se creen iluminados, capaces de vislumbrar el futuro que nunca aciertan y de olvidar el pasado del que también suelen ser responsables con sus votos, con sus actos, con su amnesia.
Por Alex Milberg* 
Quienes por estas horas festejan la muerte de Kirchner, demuestran sus valores y su calidad humana. Se creen iluminados, capaces de vislumbrar el futuro que nunca aciertan y de olvidar el pasado del que también suelen ser responsables con sus votos, con sus actos, con su amnesia. 

Pero hay algo más grave. 

Quienes por estas horas festejan la muerte de Kirchner, reflejan el rasgo más destructivo que tenemos los argentinos, lo peor de nuestra idiosincrasia: la ineptitud para reconocer nuestras miserias. 

Somos fáciles para el elogio: rescatamos nuestra solidaridad, nuestra capacidad de sobrevivir y reponernos a las crisis, nuestra calidez que parece cada vez más vislumbrada por los turistas y menos entre los propios argentinos. 

Pero somos incapaces de entender que somos parte del problema. 

¿No se escuchan? ¿No se leen? 

* Se escandalizan por el odio y la división pero festejan la muerte de Kirchner. 
* Se enfurecen por la pérdida de valores, pero festejan la muerte de Kirchner. 
* Se horrorizan por el oportunismo, pero a menos de cuatro horas de la muerte de Kirchner, resaltan la debilidad de Cristina, la posible ingobernabilidad y, otra vez, los augurios de buen derrumbe. 

¿Son cínicos, hipócritas o ignorantes? 

Este país no tiene arreglo si como sociedad no curamos el defecto más grave: nuestro maniqueísmo histórico, nuestra idiosincrasia miope, torpe y binaria que aún hoy nos impide reconocer lo positivo sin por ello dejar de señalar lo negativo. 

Y este extenso velorio argentino sería mucho menos angustiante, si los sectores medios y medios altos, los supuestamente más instruidos y los que han tenido mayores posibilidades, demostraran el mismo respeto y tolerancia que exigen a sus líderes. Si se admitieran como parte del problema y no sólo como su solución: ¿O se olvidan? Ellos también han acompañado mayoritariamente los golpes de Estado del siglo pasado, el silencio durante la dictadura militar, la euforia ante la Guerra de Malvinas y los votos a Alfonsín, a Menem (dos veces), a De la Rúa, a Kirchner y a Cristina Fernández. 

Pero claro: La culpa siempre es de los otros y los argentinos no tenemos nada que ver con lo que nos sucede, nada que ver con lo que reclamamos, nada que ver con lo que nos indigna. 

En este contexto, llega la muerte y no modifica sólo la visión que tenemos hacia nuestros líderes sino también hacia nosotros mismos. 

Hace dos años, fue mucho más sencillo rendir un homenaje a Ricardo Alfonsín: ya era un hombre viejo. 

Sí. Porque era un hombre mayor y retirado, recibió el reconocimiento de una sociedad que lo maltrató y lo despreció mientras fue presidente y mientras se mantuvo en la vida política. 

¿Fue Alfonsín acaso un hombre de consensos? ¿No se enfrentó con coraje y dureza al campo, a la Iglesia, a los militares, a la prensa y a los sindicatos? En un balance light, se sintetizó su figura en el Juicio a las Juntas y en su honestidad y se omitieron deliberadamente otros conflictos que, de algún modo y con matices, continúan vigentes en estos tiempos. 

Aún así, la muerte no indultó al líder radical de sus errores en la gestión. Pero nos permitió, ya lejos del fragor cotidiano, reconocer sus virtudes y sus aciertos. La sociedad que lo homenajeó frente al cajón no estaba redimiendo solamente la memoria de Alfonsín, sino también, las suyas propias. 

La discusión política será mucho más rica cuando veamos en los aciertos del otro nuestros propios aciertos. Cuando aprendamos a valorar los cimientos y no sólo a celebrar sobre los escombros. Festejar la muerte de Kircher es, además de un insulto a la democracia (a la tolerancia, al respeto), un acto de cobardía de quienes necesitan la muerte para soñar con imponer sus ideas. 

Por suerte, ya no vivimos en los setenta aunque los resabios tardan en curarse. Reconocer la enfermedad es el primer paso. Pero depende de nosotros. 

*director Newsweek Argentina.

jueves, 28 de octubre de 2010

Acá no se rinde nadie

Acá no se rinde nadie

Publicado el 28 de Octubre de 2010



Mientras un pueblo llora, los dueños del poder y del dinero afinan sus garras para dar el zarpazo. Murmuran, ríen, se frotan las manos, porque suponen que muerto el perro se acabó la rabia. ¿Muerto Kirchner se acabó el proceso? Ni lo sueñen. Lo que la sociedad consiguió con el kirchnerismo es un piso irrenunciable. Queremos un país mejor. No uno peor. Somos más que ellos.
  Me subleva el regodeo del establishment cuando millones nos recogemos en el dolor. ¿Qué van a gritar ahora los que siempre conspiraron contra el gobierno que hizo bajar el cuadro de Videla de Campo de Mayo? ¿“Viva la ‘muerte súbita’”? Se los advierte satisfechos con esta ayudita de la biología, de último momento. ¿Habrán brindado, una vez conocida la noticia, con un Lagarto Merlot de bodega “Cobos”? Que las acciones de las empresas argentinas subieran en la Bolsa de los Estados Unidos es un insulto al duelo general. Esperaban esta muerte. La festejan. ¿Se acuerdan de la columna de Joaquín Morales Solá, publicada el 13 de septiembre en La Nación? Estaba excitado Joaquín, por aquellos días. Muy excitado, porque comenzaba a dibujarse en el horizonte político “la finitud kirchnerista”, luego del último incidente arterial del ex presidente: “¿Qué le pasaba en su alma o en su cuerpo para meterse en batallas perdidas de antemano o para levantar, en arrolladores ataques de ira, a más enemigos de los que ya tiene?” Lo escribió así Morales Solá, matándolo en la víspera, eligiendo un tiempo verbal inadecuado, después de criticarlo por los “ataques” a Clarín, Fibertel y Papel Prensa, que es lo único que le preocupa.
Igual tono de triunfalismo, disimulado en un falso análisis sobre cuestiones de Estado, tuvo el editorial de Rosendo Fraga, publicado ayer en la edición online de La Nación, a las 11:17, cuando el cadáver de Kirchner aún estaba tibio en la Patagonia. El ex secretario privado del dictador Viola –eso es Rosendo Fraga– aconsejó a Cristina: “Tiene la oportunidad de modificar, rectificar, corregir, cambiar una serie de aspectos, estilos, orientaciones y políticas impuestas por su marido.” Y, sin dejarla siquiera llorar a su marido, entre coronas de palabras y paladas de urgentes sepultureros, agregó: “Ella ahora puede adoptar algunas decisiones que se reclaman, como tomar distancia de Hugo Moyano y terminar con su influencia.” Son voraces. No hay duelo ni tiempo para el consuelo en sus reclamos. Hay exigencia, amenaza, ultimátum hacia la representante del gobierno de la democracia.
Dos horas después, también en la edición online del diario de los Mitre y Saguier, el analista Carlos Pagni escribió: “La comparación es inexorable. Hay un líder omnipotente que ha muerto y una viuda al frente del Estado: Perón e Isabel, Kirchner y Cristina.”
¿Se puede adivinar lo que se viene detrás de estas amenazas públicas? ¿Estamos preparados? Es la pregunta que me ronda desde que comencé a escribir este editorial póstumo. Todavía no me recupero del asesinato de Mariano Ferreyra. Y ahora, esto.
Perdonen el juego de palabras, pero me sale decir que nada de lo escrito por Morales Solá, Rosendo Fraga y Pagni está definitivamente escrito. Ningún destino lo está. Mucho menos el nuestro. Los deseos de unos pocos no definen los pasos ni el ritmo de las mayorías.
Néstor Kirchner murió. La noticia es inapelable. Pasarán varios días hasta que salgamos de esta conmoción. Serán jornadas cargadas de violenta melancolía, de la que ni yo mismo voy a sustraerme. Sin embargo, un titulo posible para esta noticia inesperada podría ser “Murió un hombre, pero el proceso está vivo”. Porque lo que como sociedad venimos construyendo de 2001 para acá incluye al kirchnerismo pero, estoy convencido, también lo excede, y mucho de esto tiene que ver con sus virtudes y no con sus falencias, demonizadas hasta el hartazgo por los medios hegemónicos. ¿O acaso la mejor agenda política kirchnerista no es la que surge cuando toma la agenda social y la instala desde la cima del Estado?
Es indudable. Sin Néstor Kirchner habría sido más difícil. Sin Cristina Kirch-ner, casi imposible llegar hasta donde llegamos. Ellos son el puente entre la podredumbre de lo viejo que se desmorona y lo nuevo que estamos construyendo entre todos. Es tiempo de definir si el “modelo” –o como quiera que se llame esta Nueva Argentina que vivimos– es fruto del voluntarismo de dos personas, o si, por el contrario, es un anhelo anclado en los sueños de millones que quieren patria para todos o para nadie.
Mientras un pueblo llora, los dueños del poder y del dinero afilan sus garras para dar el zarpazo. Murmuran, ríen, se frotan las manos, porque suponen que muerto el perro se acabó la rabia. ¿Muerto Kirchner se acabó el proceso? Ni lo sueñen. Lo que la sociedad consiguió con el kirchnerismo es un piso irrenunciable. Queremos un país mejor. No uno peor. Somos más que ellos. El viento de la justicia sopla a nuestro favor. Somos más: los que no queremos que el FMI nos diga cómo manejar nuestra economía, los que vemos en las Madres y Abuelas un ejemplo de coraje y dignidad, los que saludamos que en el país haya paritarias, los que apoyamos el sistema solidario de jubilaciones, los que estamos orgullosos de la Asignación Universal por Hijo, los que pensamos que el trabajo es el mejor organizador social, los que estamos felices con la repatriación de científicos, los que no nos arrodillamos ante la mirada “empresariocéntrica” que deja a la mitad del pueblo fuera de los estándares mínimos de supervivencia, los que creemos que el Estado está a la izquierda del mercado, los que bancamos el matrimonio igualitario, los que impulsamos el reparto de las ganancias, los que peleamos por la democracia informativa y contra los monopolios, los que exigimos juicio y castigo a los genocidas.
Perdonen estas palabras sinceras pero arrebatadas, escritas a las cinco de la tarde, después de escuchar a Moyano diciendo que en el corazón de los trabajadores están “Perón, Evita y Kirchner”, con el Salón Felipe Vallese de la CGT colmado. Yo debería ser más reflexivo, menos apasionado. Pero entonces no sería yo, sería otro. Y no, soy esto, un periodista del montón que un día decidió salirse de la manada del periodismo independiente para fundar un diario como Tiempo Argentino, donde poder decir las cosas que se me antoja decir. Me llevé a marzo  cinismo. Y no saben lo feliz que estoy.
Para mí no es lo mismo que la ESMA ya no sea de los marinos. Ni es igual que un presidente se haya abrazado a los pañuelos. Todavía creo que la política sirve para cambiar algo.
Y creo, por sobre todo, que cuando Magnetto, Techint y la Bolsa festejan, hay que empezar a coserse los bolsillos.
Salvo, claro, que decidamos ponernos de pie. Como cuando gozamos la fiesta del Bicentenario y le dijimos a ese otro país, chiquito y mezquino, que después de tanto relato catastrófico no iban a poder arrebatarnos la alegría.
No se equivoquen. Somos millones los que pensamos así.
Y acá no se rinde nadie.<
LA MUERTE DE NESTOR KIRCHNER
El ex presidente murió esta mañana en El Calafate. Se conoció un mensaje del intendente Zacca. La diputada Médici convocó a los dirigentes del Justicialismo.
El ex presidente Néstor Kirchner murió hoy a los 60 años, tras sufrir un paro cardíaco en su residencia de la villa turística de El Calafate. Kirchner había llegado en estado gravísimo al hospital distrital José Formenti de esa localidad, a 2.787 kilómetros al sudoeste de la Capital Federal.

Kirchner siendo presidente de los argentinos había visitado Alberti por única vez el 3 de mayo de 2007. Lo hizo para inaugurar el barrio de viviendas que hoy se conoce con el nombre de 17 de Septiembre.

En aquella visita Kirchner descendió el helicóptero en el estadio Juan Manuel Sasso y se dirigió en caravana por las calles de Alberti hasta el lugar del acto. Fue un recorrido que se interrumpió cuando el primer mandatario nacional descendió de la combi que lo transportaba para saludar a la gente que se había ubicado a la altura de la Plaza Arias.

En ese viaje estuvo acompañado por quien era el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, y quien en aquel momento se perfilaba como candidato a sucederlo en el cargo y que era vicepresidente de la Nación: Daniel Scioli.

En el acto se hizo la entrega de las viviendas del Plan Federal I, hubo donaciones para el Hospital y se establecieron anuncios para futuras obras públicas en el distrito. La noticia de su visita resultó inesperada, porque las autoridades Municipales se vieron sorprendidas al recibir la comunicación del ceremonial en la que le manifestaban que el presidente Kirchner estaba dispuesto a viajar para inaugurar un barrio del Plan Federal, cuya primera etapa en Alberti se concluyó mucho antes que en otros municipios.

Ante la muerte de Néstor Kirchner, la diputada Marta Médici como presidente del Consejo del Partido Justicialista convocó a la dirigencia a permanecer en la sede de la avenida Vaccarezza. A su vez se resolvió organizar un viaje para participar del velatorio del ex presidente por lo que han convocado a las personas que quieran asistir a anotarse en la sede del Partido.

Por otra parte se conoció un mensaje del intendente Municipal, en el que expresa “su más hondo pesar ante el lamentable fallecimiento del Doctor Néstor Kirchner, Presidente de la Nación Mandato Cumplido y Diputado Nacional, acompañando más que nunca en estas circunstancias a su señora esposa y Presidenta de los argentinos, hijos, familiares y a toda la militancia, renovando el compromiso de seguir trabajando por un país cada vez mejor, tal como siempre lo soñó el ex Presidente”. 

“Vivió como hizo la política, a todo o nada”

Miércoles 27 Octubre 2010, 5:41 pm | Por La Ciudad | Seccion: Destacados
El intendente recibió la noticia en su casa mientras aguardaba al censista. Dijo que la muerte de Néstor Kirchner traerá consecuencias para el país.
San Pedro esta mañana en la sede del Partido de la Victoria con la imagen de Kirchner de fondo
San Pedro esta mañana en la sede del Partido de la Victoria con la imagen de Kirchner de fondo
Esta mañana, en la sede del Partido de la Victoria, el intendente Aldo San Pedro, improvisó una conferencia de prensa donde manifestó sus condolencias a la familia y destacó la estatura política del Néstor Kirchner. También comparó el liderazgo del ex Presidente con el de Perón y remarcó que fue el único que enfrentó a los grupos económicos que manejaron la argentina en los ’90.
“Una muerte que va a traer consecuencias a nuestro país; más allá de las apreciaciones con su forma de liderazgo político, desde aquel que tuvo el General Perón hasta esta fecha no ha habido otro referente político con semejante capacidad de liderazgo”, señaló San Pedro y resaltó “sobre todo con la capacidad de comprender la etapa en la cual le tocaba ser Presidente, no solamente para adentro, sino también para latinoamérica”
Además lo enmarcó como el líder que enfrentó a los sectores que dominaron el país en los ’90. “Fue el frontón de los intentos de volver a las políticas neoliberales en Argentina; le tocó reconstruir el país, la autoridad presidencial, volver a poner al Estado por encima de los privado; hasta los 90’ el Estado era empleado de los grupos económicos y a partir de Kirchner se volvió a revitalizar la actividad del Estado, por encima de la apetencia de los sectores económicos”.
Mas adelante destacó que con Kirchner “se volvió a hablar de salarios en Argentina” y revalorizó sus políticas en derechos humanos y recuperación social de los sectores más posrtergados en la década menemista.
Finalmente dijo que “el país necesitaba un tiempo más de él para consolidar el modelo que aleje la posibilidad de volver a los 90’, sobre todo cuando hay actores políticos y grupos económicos que están tratando de empujar para volver a la Argentina del pasado reciente”.
San Pedro contó que recibió la noticia en su casa mientras esperaba la llegada del censita y recordó que la última ve que lo había visto, fue la semana pasada en Chivilcoy. Hasta allí había llegado el matrimonio presidencial para participar del aniversario de la vecina ciudad. En ese encuentro, San Pedro dijo que ya no lo veía bien, con la “vigorosidad” que lo caracterizaba.